PERSONERÍA JURÍDICA MATRÍCULA 32264
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Las esferas de lo público y lo privado en el MoDEPyS

http://arbia.com.ar/imagenes/coop.jpgLas esferas de lo público y lo privado en el MoDEPyS
por Lic. Guillermo Moreno*por Dr. Claudio Comari*por Lic. Norberto Itzcovich* BAE
Quienes venimos predicando insistentemente sobre el Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS), debemos reflexionar profundamente en torno de la asignación de recursos entre los diferentes sectores que componen la economía, que se realiza a partir de las señales de precios que brinda el mercado, destacando, a su vez, el rol del Estado dentro del universo de los "regulados", y poniendo especial énfasis en cómo se entrelazan los segmentos de mayor productividad y niveles de formalización con el denominado Sector Informal Urbano1 (SIU).

En el marco de este debate, en nuestro artículo El día después de mañana (BAE Negocios, 15/10/18), sosteníamos: "en las economías modernas, la posibilidad de reponer lo que se consume (reproducción ampliada) depende de la tasa de inversión. El quantum que esta alcance, inter e intra sectores, determina, entre otros aspectos, el gradiente que establece los beneficiarios centrales, secundarios y marginales, e incluso, en algunos modelos (como los neoliberales), quienes quedan "descartados", al decir del papa Francisco, de toda recompensa".
Esos diversos ordenamientos, que no son otra cosa que "modelos de acumulación de capital", encarnan tanto en la dimensión más profunda de la política, en términos de definición de la relación de los diferentes actores económicos y sociales entre sí (lo representado), como con las formaciones que disputan los espacios de decisión (las representaciones) que los expresan.

Repasábamos la semana pasada ("Sobre las representaciones y lo representado", BAE Negocios, 5/11/18) los contrastes observables entre un único modelo hegemónico perdurable como el que imperó en Brasil desde el golpe de Estado de 1964 hasta estos días, y la pendularidad de la superestructura política argentina, tensionada entre dos modelos contrapuestos, suficientemente vigorosos para, alternativamente, establecer primacías sobre su contrario, pero a la vez imposibilitados de consolidarlas en el tiempo.

Continuando estas reflexiones, especialmente desde el punto de vista de cómo la expresión, en términos políticos, de necesidades, intereses y aspiraciones de los conjuntos sociales, se vincula con su participación en la generación y distribución del ingreso total, en esta nota, proponemos un análisis complementario a los anteriores, en torno a la forma más eficiente de abordar la problemática del SIU y su articulación con los ámbitos de mayor formalización.

Al ser el sector privado de la economía el principal generador de valor agregado, deben propiciarse las condiciones macroeconómicas para que las compañías incrementen su tasa de ganancia y consecuentemente su actividad, hasta lograr el pleno empleo de los factores productivos.

Sobre el Estado, la informalidad y la exclusión

Entre las múltiples implicancias de la relación público-privado, se encuentra la referida a las problemáticas que expresan las denominadas "organizaciones sociales", que reúnen a un heterogéneo colectivo que va desde el SIU a los contingentes de "excluidos" residentes en barriadas y asentamientos.

Tales organizaciones se han ido institucionalizando progresivamente, formando diversos nucleamientos con creciente protagonismo, tanto en su actuación en el ámbito social (comedores comunitarios, clubes y centros vecinales, etc.) y económico (cooperativas de trabajo, gestión de empresas recuperadas, etc.), como en su participación y representatividad política.

La consideración sobre la importancia de este conglomerado social, tanto en términos numéricos como en su actuación pública, se expresa en los numerosos estudios existentes sobre el SIU y los debates sobre la "superpoblación relativa" o "masa marginal".

En este entorno, la pobreza y la desocupación que conviven al interior de este extendido conjunto social suele ser caracterizada como "estructural" por determinados enfoques. Esto implica asumir que, a pesar de que el aparato productivo lograra funcionar a pleno, siempre existiría una cantidad de familias que permanecerían en aquella condición.

De allí que, casi invariablemente, las respuestas de política económica a esta problemática oscilen entre resignarse a la exclusión (el penoso criterio de "que se la rebusquen"), que es la "solución" neoliberal, o bien que tengan un ingreso de subsistencia a partir del presupuesto del Estado en cualquiera de sus tres niveles.

Sin embargo, además de resultar ambas opciones económicamente ineficientes, la primera es moralmente inaceptable, en tanto la segunda implica convertir en perenne el equilibrio subóptimo alcanzado.

Si, por el contrario, se incrementa la tasa de ganancia de estas unidades productivas (UP) integrantes del SIU, es esperable que su crecimiento redunde en la formalización, con las ventajas de inclusión social que ello trae aparejado.

El rol del estado, en consecuencia, es el de utilizar sus políticas regulatorias para establecer el marco adecuado en el que todas las UP obtengan su cuota parte del excedente. Y esa decisión, obviamente, tiene estrecha relación con las consecuencias sobre los ganadores y los perdedores en el devenir del MoDEPyS.

La apropiación del excedente

El aparato productivo argentino, a diferencia de lo que acontece en las economías de otros países de Iberoamérica, se caracteriza por la generación de un único excedente social, apropiado en forma desigual por los distintos eslabones de las cadenas de producción y comercialización.

Sin embargo, actualmente, la desaparición de la tasa de ganancia (en prácticamente todos los sectores de actividad, al margen del tamaño de las empresas) producto del elevado costo de la energía y la espiralización hasta el ridículo de las tasas de interés reales, dañan peligrosamente la base material de la nación2.

Por su parte, desde el inicio del gobierno, los sectores populares ven gravemente afectados sus ingresos (conformados por sueldos, salarios, jubilaciones y pensiones), por el efecto devastador del aumento del precio de los alimentos (con origen en la devaluación inicial y la quita de retenciones), lo cual a su vez provocó una brutal pérdida de su poder adquisitivo, y la lógica caída del consumo.

En consecuencia, para recrear el círculo virtuoso de una economía sana, deben maximizase los vectores de competitividad del aparato productivo nacional, que no son otros que los asociados a las rentas extraordinarias3, utilizando todas las herramientas que el Estado tiene a su disposición en materia de regulación de precios.

Así, en el marco de un modelo que tienda al equilibrio:

a) desde el lado de la oferta, deberá contarse con precios de la energía (en todas sus formas) adecuados a los valores de los mercados de referencia internacionales, lo cual redundará en la baja de los costos totales de las empresas y en la recomposición de su rentabilidad y,

b) desde la perspectiva de la demanda, buscar precios justos y equitativos para los alimentos que permitirá recomponer el poder adquisitivo de los ingresos populares, impactando favorablemente en el consumo privado.

Ello, junto con políticas de tipo de cambio competitivo y una adecuada administración del comercio exterior (cuya implementación se ve favorecida por el contexto internacional), garantizará la hegemonía de las empresas locales en el mercado doméstico, al tiempo que potenciará su inserción en los internacionales.

Este correcto desenvolvimiento del MoDEPyS permitirá arribar al pleno empleo de los factores productivos, posibilitando, por lo tanto, la paulatina incorporación del SIU al sector formal de la economía.

Durante este tránsito, quedará demostrado que la pobreza y la desocupación no deben ser caracterizadas como "estructurales", sino sólo "circunstanciales".

*MM y Asociados

1 Definimos al SIU, como aquel sector compuesto por múltiples unidades productivas (unipersonales o no) oferentes de bienes y servicios, donde no resulta determinante su tipificación de acuerdo con el grado de cumplimiento de sus obligaciones fiscales, sino ciertas características intrínsecas de su organización, principalmente la indiferenciación en la retribución entre el trabajo y el capital, entre otras. Son activos generadores del excedente social, pero participando sólo marginalmente en su apropiación.

2 Las empresas, como simbiosis del capital y del trabajo, son el elemento primario constitutivo de la base material de la Nación.

3 Las rentas extraordinarias, tal como definimos en nuestro artículo “Cómo seguimos” (BAE Negocios, 29-1-18), están constituidas por “aquellos beneficios redundantes, que se generan en el mercado, independientemente del trabajo humano, y se obtienen a partir de ejercer la exclusividad de la explotación de algún recurso natural”. Esa característica, en Argentina, la cumplen algunas tierras y la energía fósil, constituyéndose, en consecuencia, en los vectores de competitividad de nuestra economía.

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12/11/2018 (3494)        compartir en facebook compartir en twitter compartir en G+ compartir en Whatsapp



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